¿No le gustan mis colores? Y al notar el jardinero que faltaba en el rosal, cantaba así, plañidero, receloso de su mal: —Rosa la más delicada Hay muchos niños que se mueren de pequeños, y eso es lo que voy a hacer yo. Mañana será la novena y… y no puedo… no puedo volver a verle sin que nadie en el mundo lo sepa. Recibe gratis un poema clásico semanal por correo electrónico. -Pero ¿por qué me lo cuenta a mí? Una vez, en uno de sus permisos, Michael la había llevado a una fábrica de municiones, donde vio cómo iba pasando una granada por todas las fases, desde el cartucho vacío hasta el producto acabado. Sí, juro que son encargos. buen fin de semana de pachanga. Para empezar, Guillermo el Conquistador y… bueno, montones más, y a todos les fue estupendo. -Un sobrino -dijo Helen-. Bueno, no quiero preocuparla más. Ahora ella estaba inmóvil y el mundo seguía adelante, pero no le importaba: no le afectaba en ningún sentido. Para que el mundo se llene, con tu fragancia de Amor. -¡Ja! Cuando Helen se marchó del cementerio se volvió a echar una última mirada. un abrazo, Prefiero mil veces al jardinero que a la flor. El servidor: —Mi hora llega cuando la de los demás ha pasado. -Bah, a mí no me preocupa eso. La gente no hubiera dicho lo que dijo si mis padres se hubieran casado. HERMOSO POEMA AMIGO QUE BELLA FORMA DE ESCRIBIR ME HA GUSTADO MUCHO LEERTE GRACIAS POR COMPARTIR, garacia a ti mi amigo Atacó a Helen con el tema, y derribó sus defensas titubeantes con la franqueza de la familia. Helen subió unos escalones hechos de tierra batida con superficie de madera y se encontró de golpe frente a miles de tumbas. Junto a una línea de losas había arrodillado un hombre, evidentemente un jardinero, porque estaba afirmando un esqueje en la tierra blanda. Lo destacaron cerca del Saliente, donde llevó una vida meritoria y sin complicaciones, mientras se preparaba la batalla del Somme, y disfrutó de la paz de los sectores de Armentieres y de Laventie cuando empezó aquella batalla. gracias Esta noche tengo que ponerlos en orden. A la orilla de la fuente un caballero pasó, y la rosa dulcemente de su tallo separó. Por fortuna, los padres de George ya habían muerto, y aunque Helen, que tenía treinta y cinco años y poseía medios propios, se podía haber lavado las manos de todo aquel lamentable asunto, se comportó noblemente y aceptó la responsabilidad de hacerse cargo, pese a que ella misma, en aquella época, estaba delicada de los pulmones, por lo que había tenido que irse a pasar una temporada al sur de Francia. Ya tengo dos o tres que ver en la Fábrica de Azúcar, y muchos más en los cementerios de la zona. jajaja muchas gracias mi amiga yolanda,al final los jardineros no somos tan malos. No tendría que representar nada para mí. Helen la soportó hasta casi las nueve y media, antes de huir a su habitación. -Pero ¿no te parece una crueldad? Acá hay uno mío que también tiene que ver con un jardín, el que quiera comentar amigo me encanto lo que escribiste,yo como florecita sé como se ponen los jardineros cuando andan de mal humor,no obstante creo que si me cuidan con cariño,te mando unfuerte abrazo musical,que ya es viernes de pachanga. Todos los del pueblo sabían, también, que George Turrell había dado muchos disgustos a su familia desde su adolescencia, y a nadie le sorprendió enterarse de que, tras recibir múltiples oportunidades y desperdiciarlas todas, George, inspector de la policía de la India, se había enredado con la hija de un suboficial retirado y había muerto al caerse de un caballo unas semanas antes de que naciera su hijo. Los fragmentos que he seleccionado corresponden a la edición de El jardinero publicada por la editorial Poesía … Para mí era todo lo que no tenía que haber sido… lo único verdadero… lo único importante que me había pasado en la vida, y tenía que hacer como que no era nada. Aquí mismo llevo por lo menos 10 ó 15 encargos -y volvió a golpear la Kodak-. Michael había muerto, y su propio mundo se había detenido, y ella se había parado con él. Por eso hago los encargos, ¿entiende? En el poema 6 de El Jardinero se narra la historia de dos aves que desean estar juntas, cada una en su espacio, sin animarse a cambiar, a dejar atrás aquello que las limita sin entenderlo, a avanzar, y que, a … para mi eso solo lo hace dios y tu dinero-jar . -Quizá sea mejor -respondió ésta-. -No, y además -y Helen sintió que se ponía tenso-, además, ahora que lo has dicho ya no te voy a llamar «mamá» nunca, ni siquiera al acostarme. -exclamó-. La agonía de que la despertaran a una especie de segunda vida llevó a Helen a cruzar el Canal de la Mancha, donde, en un nuevo mundo de títulos abreviados, se enteró de que a Hagenzeele-Tres se podía llegar cómodamente en un tren de la tarde que enlazaba con el transbordador de la mañana, y de que había un hotelito agradable a menos de tres kilómetros del propio Hagenzeele, donde se podía pasar una noche con toda comodidad y ver a la mañana siguiente la tumba del caído. El oficial hubiera podido comprobarlo en uno de sus múltiples libros, pero se interpuso entre ellos una mujerona de Lancashire pidiéndole que le dijera dónde estaba su hijo, que había sido cabo del Cuerpo de Transmisiones. Un gran abrazo sonriente. Un gran abrazo, gracias Winda un placer que me llena,perdon que hoy no pudiera comentar yo por razones de tiempo -Seis años y cuatro meses antes y dos y tres cuartos después. muchas gracias por el cumplido El proyectil siguiente hizo saltar lo que hasta entonces habían sido los cimientos de la pared de un establo, y sepultó el cadáver con tal precisión que nadie salvo un experto hubiera podido decir que había pasado algo desagradable. Pero lo quería mucho. Reconocía que George siempre había sido una oveja negra, pero las cosas hubieran podido ir mucho peor si la madre hubiera insistido en su derecho a quedarse con el niño. Bueno, entonces quizá no… Pero no importa. -¿De verdad? Es la primera vez que vengo. Pero, el mismo día en que Michael iba a pasar con Helen cuatro horas enteras en una encrucijada ferroviaria más al norte, lanzaron al batallón al combate a raíz de la matanza de Loos y no tuvo tiempo más que para enviarle un telegrama de despedida. Helen fue hacia él, con el papelito en la mano. Pero ahora ya han puesto cuartos de baño en el antiguo Lion d’Or, el hotel que está al oeste de la Fábrica de Azúcar, y por suerte también se lleva una buena parte de la clientela. Yo sólo puedo decirle que he aspirado el perfume de la flor que en su verso me dejó. Helen se adelantó, le tomó las manos, inclinó la cabeza ante ellas y murmuró: La señora Scarsworth dio un paso atrás, pálida. Se daba cuenta por la facilidad con la que podía pronunciar el nombre de Michael en una conversación e inclinar la cabeza en el ángulo apropiado, cuando los demás pronunciaban el murmullo apropiado de condolencia. Tenía que pensar cada palabra que decía y pensar todas las mentiras que iba a inventar a la próxima ocasión ¡y esto años y años! -Bueno, pues ya no volvemos a hablar del asunto si te hace llorar. Para entonces el pueblo ya tenía mucha experiencia de la guerra y, en plan típicamente inglés, había ido elaborando un ritual para adaptarse a ella. A veces está lleno y otras veces casi no hay un alma. Información del poema. -No se enoje caballero, y  ajústese bien el sombrero, Pues  sólo quería agradecer, los cuidados y la atención. Es un placer leerte , versos con frescura y fragancia.Un abrazo. Yo no he perdido a nadie, gracias a Dios, pero me pasa como a tantos, que tienen muchos amigos que sí. Pero Helen, que no quería reconocer nada por el lado de la madre, juraba que era un Turrell perfecto, y como no había nadie que se lo discutiera, la cuestión del parecido quedó zanjada para siempre. desde España un saludo a la bella Argentina me gusta que te guste Está justo al sur de Hagenzeele-Tres. Ella se lo devolvía con todo el afecto del que era capaz, con sus consejos y con su dinero, y como Michael no era ningún tonto, la guerra se lo llevó justo antes de lo que prometía ser una brillante carrera. Se me olvidaba preguntarle. Se llevó las manos juntas casi a la altura de la boca y luego las bajó de repente, todavía juntas, lo más abajo posible, por debajo de la cintura. Una bella fábula con una gran moraleja de fondo... Todo un placer querido poeta, tus poemas me parecen geniales. -Yo también voy a Hagenzeele -explicó-. Helen hizo, escribió y firmó todo lo que le sugirieron o le pusieron delante de los ojos. Feliz y fresco día. ¿Me comprende? Deja que yo te siga, regando con mi sudor -Sí… sí…, ya lo sé -comenzó-. un fuerte abrazo. -Ojalá tenga razón. -No caerá esa breva. ¿Tú  crees que yo vendría, si no fuera por el jornal? -Más que nadie en el mundo. En unos años Michael pasó a formar parte del pueblo, tan aceptado por todos como siempre lo había sido Helen: intrépido, filosófico y bastante guapo. A los seis años quiso saber por qué no podía llamarle «mamá», igual que hacían todos los niños con sus madres. Y  vienes por tu salario, que yo confundí con amor. Un jefe de unidad avisado averiguó que el batallón estaba bien entrenado en la forma de proteger sus flancos y de atrincherarse, y se lo robó a la División a la que pertenecía, so pretexto de ayudar a poner líneas telegráficas, y lo utilizó en general en la zona de Ypres. La boca la tenía algo mejor trazada que el tipo familiar. sacar de las plantas sus mas bellas flores. Cuando cumplió los diez años, tras dos cursos en una escuela privada, algo o alguien le sugirió la idea de que su situación familiar no era normal. En realidad se llamaba Anderson, pero como era de una familia respetable se había alistado, naturalmente, con el nombre de Smith, y había muerto en Dickiebush, a principios de 1915. Un mes después, y cuando Michael acababa de escribir a Helen que no pasaba nada especial y por lo tanto no había que preocuparse, un pedazo de metralla que cayó en una mañana de lluvia lo mató instantáneamente. Y éstos pronto le explicaron, y le aclararon con horarios transparentes, lo fácil que era y lo poco que perturbaría su vida el ir a ver la tumba de su propio pariente. Helen dio un respingo y fue hacia la puerta, pero los llantos de «¡mamá, mamá!» le hicieron volver y los dos lloraron juntos. pues ojala te acuerdes de regar a tu amiguita aqui en el portal,te invito a que leas algo que publicó hoy mi hijo,se llama Rodolfo Portillo,apenas tienes 11 años,ojala lo viisites,un abrazo amigo. De verdad que son encargos. Perdone mi bella flor, por todo el atrevimiento, Era un viejo jardinero que cuidaba con esmero del vergel, y era la rosa un tesoro de más quilates que el oro para él. Siempre he sido una mentirosa, hasta de pequeña. Para que el mundo se llene, con tu fragancia de Amor. ¿Tiene ya habitación en el hotel de aquí? -Porque lo mejor es decir siempre la verdad -respondió Helen, que lo tenía abrazado mientras él pataleaba en la cuna. Después le llegó, como pariente más próxima, una comunicación oficial -que respaldaban una carta dirigida a ella en tinta indeleble, una chapa de identidad plateada y un reloj- en la que se le notificaba que se había encontrado el cadáver del teniente Michael Turrell y que, tras ser identificado, se le había vuelto a enterrar en el Tercer Cementerio Militar de Hagenzeele, con indicación de la letra de la fila y el número de la tumba. Y nunca lo volvió a mencionar por su propia voluntad, pero dos años después, cuando contrajo las anginas durante las vacaciones, y le subió la temperatura hasta los 40 grados, no habló de otra cosa hasta que la voz de Helen logró traspasar el delirio, con la seguridad de que nada en el mundo podía hacer que cambiaran las cosas entre ellos. Por lo menos algunas -paseó la vista por la habitación-. Qué papel de pared tan extraordinario tienen en Bélgica, ¿no le parece? A la mañana siguiente la señora Scarsworth se marchó muy de mañana a hacer su ronda de encargos y Helen se fue sola a pie a Hagenzeele-Tres. El hombre levantó la vista y la miró con una compasión infinita antes de volverse de la hierba recién sembrada hacia las cruces negras y desnudas. A veces me pregunto si sienten algo después de la muerte. Todo el día  estás plantada, sólo quieres alardear. Información del poema. Pagó su cuenta junto a una inglesa robusta de facciones vulgares que, al oír que preguntaba el horario del tren a Hagenzeele, se ofreció a acompañarla. Saludos, que florido poema y sin pasa na, muchas gracias mi amigo de buena tinta se que tu tambien sabes hacerlo -¡No me importa! Thanlle No puedo aguantar más. Tengo que contárselo a alguien. -Dentro de un minuto -dijo-. El cementerio todavía no estaba terminado, y se hallaba a casi dos metros de altura sobre el camino que lo bordeaba a lo largo de centenares de metros. No importo yo. Harta de mentir… siempre mentiras… año tras año. Qué suerte encontrar asientos junto a las ventanillas, ¿verdad? No tenía el número de su chapa de identidad ni sabía cuál de sus dos nombres de pila podía haber utilizado como alias, pero a ella le habían dado en la Agencia Cook un billete de turista que caducaba al final de Semana Santa y, si no encontraba a su hijo antes, podía volverse loca. El maestro jardinero es un poema infantil corto enviado por Marisa Alonso Santamaría para publicar en EnCuentos. Como vengo tantas veces, he visto que les resulta de mucho alivio que venga alguien para ver… el sitio y contárselo después. Recibe gratis un cuento clásico semanal. No puedo aguantar más. Y él replicó, pensando en su propio hijo: La niña llegó a la puerta principal toda llorosa, porque el señorito Michael siempre le daba caramelos. He leído muchas cosas de gente como yo en la historia de Inglaterra y en las cosas de Shakespeare. Después ocupó su lugar en la lúgubre procesión que había de pasar por una serie de emociones estériles. El Jardinero es un poemario elaborado por Rabindranath Tagore que trata temáticas relacionadas con la vida de las personas y es lo que los convierte en verdaderas obras de arte. A Helen le había estremecido la idea de que se alistara directamente. ¡Ah! Usted no sabe lo que es eso. Por eso… por eso… tenía que decírselo a usted. -preguntó Helen en voz baja. -Estupendo. Es usted todo un caballero, digno de admiración. Él se levantó al verla y, ... Recibe gratis un poema clásico semanal por correo electrónico. -No es lo mismo -como dijo la mujer del pastor protestante- que si lo hubieran matado en Mesopotamia, o incluso en Gallípoli. jajaja pues si mi amigo pero con una diferencia,hoy mismo aqui en sevilla a 38º por razones de mi trabajo tube que regar entre otras cosas, y llege a vivirlo,pense que las plantas solo tenian que esperar a que yo las ragara,y tomar sol,mientras yo me asfixiaba, jaja, Te lo aseguro. Y además se les pueden llevar fotos. Pero lo era. un abrazo, Me encantó el diálogo entre la flor y el jardinero, me gustó tu poema No por mí. Junto a una línea de losas había arrodillado un hombre, evidentemente un jardinero, porque estaba afirmando un esqueje en la tierra blanda. Lo es. Desde entonces he venido a verle ocho veces. http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-172818, muchas gracias por visitarme para mi un placer que le guste -A propósito -dijo la autoridad-, usted sabe dónde está su tumba, evidentemente. Yo ya he venido nueve veces desde el Armisticio.
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